miércoles, 12 de agosto de 2015

Tu, yo y la esperanza




Aquella noche no podía dormir, no dejaba de pensar en ti. Entonces decidí sentarme en posición de flor de loto para intentar meditar. Lo hice, lo intenté pero mi mente estaba llena de pensamientos acerca de ti, entonces me dije: Ya no te resistas más, piénsalo.
Y te pensé.
Te imaginé.
Sentía como los dedos de tus manos se internaban en mi cabello y por primera vez, aunque sea en el plano de la ilusión, te dejé tocarlo libremente. Allí, sentada en posición de flor de loto, sonreía.
Recordé las tantas veces que me tocabas el cabello para molestarme. Y recordé también el día que me preguntaste por qué no te dejaba tocarlo, ¿Si era porque sabía que cuando te lo tocaba era porque yo sabía que yo te gustaba? Recuerdo que sonreí cuando reconocí la seña, y recuerdo que lo hablamos, que me dijiste que sí, que a veces te comportaste como un niño de escuela; como un niño que molesta en clase a la que más le gusta. 
Pero antes de saber todo eso, yo te pedía que no lo hicieras más, pero, la verdad, es que no era porque intentara decirte que no me gustabas, al menos no lo hacía en un nivel consciente, y sí, ahora sé que tú también lo sabías, porque tú notabas más que yo lo nerviosa que me ponía la situación.
Pensé también en la noche que te pregunté si creías si es posible que exista un tipo de comunicación entre parejas como el tipo de comunicación que plantea El señor de los anillos entre Aragorn y Arwen.  
Una de las partes que más me gusta de la película es cuando ella, Arwen, logra hablarle  a Aragorn en sueños, cuando se comunica con él, mientras el cuerpo del guerrero es arrastrado por el río. Y ciertamente tu dijiste que sí, que lo creías, que creías posible tal  comunicación, yo también lo creo, sin embargo en ese momento no sabía que esa escena de la película solo se trata de un guiño de esperanza
Ahora que lo sé, quiero experimentarlo. También quiero experimentar el amor verdadero, el que está libre de ilusión y es real.
Así que en la oscuridad de mi cuarto, en mi cama, que es parecida a la tuya, intenté decirte que esa noche mi mente era libre para pensarte.
Y te pensé, fui feliz en la ilusión y luego me liberé.
Estoy conociendo ahora, recién a Eärendil y a Elwing

lunes, 29 de junio de 2015

El chofer y su novia




Pensé en compilar las historias de las que soy testigo en Transbarca cuando me jubilara, pero hace poco me dije: Para qué esperar tanto.
Así que comienzo hoy, serán parte de las historias de este blog y tienen la etiqueta #HistoriasdeTransbarca

Hace unas semanas iba en el autobús de la ruta que va hasta La Piedad, en Cabudare. Lo tomé en la calle 47 con avenida Pedro León Torres, donde es su punto de partida. Había tanta gente que la unidad se llenó con los que estábamos en la cola de la primera parada. Un muchacho y yo nos sentamos en los puestos reclinables que están en un área destinada a personas con discapacidad física. Ambos sabíamos que si se montaba un abuelito o alguna persona discapacitada debíamos ceder el puesto. Y así fue. Unas dos cuadras adelante, se montó un grupo de personas entre quienes estaba una muchacha inválida y con retraso mental. Cuando el chofer la vio, se levantó de su puesto y ayudó a la madre de la joven a montarla, para lograrlo extendió la rampa que los autobuses tienen para eso y empujó la silla de ruedas. Luego, la saludó: "Aquí viene mi novia, ¿cómo estás?", le dijo el chofer. La joven se reía. 
Nunca había visto a alguien con esa condición con tanta emoción, su mamá le decía: "Ajá, aquí está tu novio". La chica no paraba de sonreír, era evidente su dicha.  
Ese respeto por el ser humano, ese cariño no lo pagan en la quincena, pero seguro la energía de esa buena acción, llamada por algunos Darhma, va más allá de generar una sonrisa en una persona con una condición de vida difícil. ¡Confío en eso!.

#HistoriasdeTransbarca